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Manifiesto Andaluz Marchas de la Dignidad 2015

MANIFIESTO ANDALUZ DE LAS MARCHAS DE LA DIGNIDAD 2015

Vivimos inmersos en una crisis social y económica como nunca antes habíamos conocido. Andalucía sufre unos niveles de paro y miseria que hacen que una gran parte de su población no consiga alcanzar unas mínimamente dignas condiciones de vida. Mientras, los distintos gobiernos nos dan explicaciones que la asemejan a una catástrofe natural, sin responsables y de pronta recuperación. Pero la realidad es otra: la realidad es el paro, la precariedad, la emigración y los comedores sociales.

Andalucía nunca llegó a tener pleno empleo. Nadie consigue explicar de forma convincente cómo se llega, en apenas seis años, de un 12% de paro al 36% actual. No es posible mientras no se explique el entramado de intereses de banqueros, empresarios y políticos que empobrece a las clases populares.

Tampoco se nos dan respuestas sobre el futuro que nos espera. Si la única salida para ese 64% de nuestra juventud en paro es la emigración. Si nuestros trabajadores tienen que subsistir y soportar un 10% de bajadas salariales de media y aceptar cualquier tipo de condiciones laborales, si nuestros trabajadores del campo tienen que pelear por un jornal, aun siendo conscientes de la explotación que sufren, o si la recuperación pasa por esos datos del paro que muestran que el empleo que se creará será temporal y precario, no sólo nos han abandonado sino que nos han condenado.

Andalucía está condenada porque la única salida que nos dejan es la de seguir manteniendo, si no aumentando, los beneficios de los que nos han llevado a este estado de excepción social, a costa del desmantelamiento de los servicios básicos, la pérdida de derechos laborales y sociales y el cierre de empresas que aumenta el paro. Nos dejan sin trabajo, sin casa, sin sanidad, sin pensiones, sin estudios, sin futuro, ¡sin vida!

Nos condenan los gobiernos andaluz y español cuando siguen endeudándose con la banca privada a la que se salvó con dinero público. Nos condenan estos gobiernos cada vez que obedecen al FMI y al BCE en vez de a su pueblo. Porque se regalan cientos de miles de millones a la banca, transformados en deuda pública, que pagaremos las trabajadoras y trabajadores, y se aseguran el pago reformando el artículo 135 de la Constitución y con la legislación que nos compromete a cumplir el paquete fiscal dictado por la Troika y los grandes capitales europeos. El pago de su deuda es la eliminación de nuestros servicios públicos, la pérdida de nuestros derechos y nuestro empobrecimiento.

Y así seguirán mientras les dejemos, hasta que nos pongamos de pie y digamos basta. Para conseguirlo no hay otro camino más que la organización y la lucha. La indignación en soledad sólo nos lleva al aislamiento y a la resignación. Somos millones y no estamos dispuestos a dejar que nos aniquilen.

Para avanzar en la construcción de la unidad y del poder del pueblo fueron surgiendo, desde todos los pueblos del Estado, las Marchas de la Dignidad que confluyeron en Madrid el 22 de marzo de 2014 y que desde entonces vienen convocándonos periódicamente, para desarrollar un proceso de acumulación de fuerzas que tienen por objeto la protesta contra las políticas que están haciendo cargar los efectos de la crisis sobre las clases populares y la mayoría social trabajadora de nuestro país a través de recortes y eliminación de derechos sociales, económicos, políticos y libertades.

Los principales objetivos de las marchas son, por un lado, constituir un espacio común de lucha en torno a los comunes denominadores que persiguen todos los colectivos y movimientos implicados, y que afectan de forma unitaria a una gran parte del pueblo español. De esta forma, podremos avanzar hacia una organización y estructura unitarias que posibiliten el ensamblaje de los diferentes colectivos, organizaciones, plataformas y movimientos que hoy trabajan contra el estado actual de cosas, y que pivote alrededor de las demandas exigidas. Asimismo, las marchas identifican las demandas concretas de los barrios y los pueblos y se organizan en torno a éstas para la conquista de derechos específicos de cada caso.

Por otro lado, queremos trasladar la necesidad de movilización, asociación y participación alrededor de los objetivos comunes del conjunto de la población hoy desmovilizada, para transformar el estado de resignación, descreimiento y frustración instaurado en un gran número de ciudadanos y ciudadanas de nuestro país.

Las Marchas de la Dignidad fueron el principio. Desde entonces estamos luchando por asentar y fortalecer las estructuras creadas, para poder dar una respuesta social y ciudadana a las agresiones que como pueblo hemos sufrido y plantarle cara a aquellas que estén por venir, diseñando y desarrollando una estrategia de lucha continuada en el tiempo, que persiga la reversión de todas las agresiones, que visualice en la calle nuestro rechazo a este opresivo sistema en el que hoy vivimos y que avance en la preparación de la Huelga General.

Éstas son las Marchas de la Dignidad, las de un pueblo que se organiza y lucha:

1.- Contra el paro y la precariedad laboral. A favor de la generación de empleo digno y con garantías, por el reparto del trabajo sin merma salarial, la derogación de las diferentes reformas laborales, por la igualdad salarial entre hombre y mujeres, por unas prestaciones suficientes. Por una Renta Básica Universal.

2.- Contra los recortes sociales que afectan directamente a la sociedad, minando los ya de por sí escasos mecanismos de protección y desarrollo social contemplados en la Constitución española, así como los de la Solemne Declaración de los Derechos Humanos. Especialmente aquellos que van ligados a la jubilación, la sanidad, la educación y los servicios sociales básicos. Por el derecho a la vivienda y de los servicios básicos (agua, luz, gas) de la ciudadanía. 

3.- A favor de los servicios públicos en cualquiera de sus formas (Sanidad, Educación, Servicios Sociales o Pensiones). Contra las privatizaciones y un proceso de renacionalización de los sectores estratégicos de la economía. 

4.- Contra la corrupción instaurada en las instituciones gubernamentales, políticas, económicas, financieras y judiciales. Por la transparencia, el derecho a la justicia y la igualdad de todos los ciudadanos ante las instancias judiciales. 

5.- A favor de una auditoria de la deuda contraída ilegítimamente por el Estado y en contra del pago de la misma.

La sociedad andaluza está ya en el proceso de empoderamiento que tanto tiempo lleva buscando. Cientos de miles de personas, miles y miles de colectivos, cientos de experiencias de autogestión y rebeldía, hacen que el hartazgo del pueblo este pasando ya desde las conversaciones de bar a los lugares de reunión y de reivindicación. Es un proceso caracterizado por la solidaridad y el apoyo mutuo. Por el conocimiento, lento pero inequívoco, de la realidad frente al engaño en que nos quieren tener de continuo los poderes a través de sus medios de comunicación. Es un proceso vivo, que ha de seguir pujando, pero que tiene visos de ser ya sin retorno. Las gentes se están dando cuenta de que esto no lo arregla nadie sino la conjunción de la población consciente y comprometida. Saben que va a suponer esfuerzos y sacrificios. Momentos de tensión y represión. Pero están dispuestos a afrontarlo.

Es el momento perfecto para generar unión, para cargarnos de razones que convierten a las personas en compañeros/as, en camaradas en la lucha. Hoy más que nunca, es tiempo de entender que sólo a través de la creación de los espacios sociales de debate y lucha organizada, de la construcción de consejos populares en cada territorio, sector y ámbito, podemos invertir el camino de las injusticias y las desigualdades, pues será en lo social articulado donde se creen las respuestas firmes y contundentes que nuestras necesidades como pueblo requieren. De nuestro trabajo generoso, humilde, desinteresado y sin partidismos, depende en buena parte el éxito de este resurgir popular. 

¡Es tiempo de lucha!

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